27.1.10

Breve, XIII

Sentimientos encontrados entre tú y yo.
Joven y débil amor.
Vetusto y acérrimo odio.

Forgiven Princess

26.1.10

Breve, XII

Sí, hará el frío que haga, pero yo voy en tirantes. Porque sí, porque quiero, porque no necesito que nadie me recuerde que enfermaré por ello.
Igual que aunque me lesione seguiré jugando, e igual que desoiré las regañinas una y otra vez, como hasta el momento.
Igual que defenderé lo que me gusta, intentaré comprender lo que no comprendo e intentaré cambiar lo que no me gusta, porque aceptar sin luchar no es una opción para mí.
¿Tiene esto algún sentido? Tal vez, tal vez... Seguiré buscándolo.

Forgiven Princess

25.1.10

Breve, XI

Duda de la claridad del sol.
Duda de la luz de las estrellas.
Duda de que pueda mentir la verdad,
pero de mi amor no dudes.

Hamlet, a Ofelia.

Hamlet, William Shakespeare.

Forgiven Princess

22.1.10

Breve, X


Y junto al muro se derrumbó. Quedó acuclillado, con el rostro ceñudo y serio, la boca apretada en un gesto de intensa reflexión, y una mano frotando sus sienes. Un rayo cayó cerca, y calló su mente. También caía la lluvia, empapando lentamente sus ropas. Pensaba si sería buena idea, como la lluvia o el rayo, caer al abismo que se abría al otro lado del muro, terminado con un puñado de rocas puntiagudas que alguien había clavado en las entrañas del mar.

Forgiven Princess

21.1.10

Breve, IX


De cómo pasar de ser banquillero a ser la clave del equipo en un año, o David de Gea, portero canterano del Atlético de Madrid, y si todo sigue igual, un posible candidato a seguirle los pasos a "San" Iker Casillas.
David, we love you. También we love Tiago, el nuevo fichaje luso de los rojiblancos. Menudo partidazo han hecho, ambos.

Forgiven Princess

20.1.10

Momentos musicales, II - Seal, Kiss from a Rose (cover by Shane H)




There used to be a graying tower alone on the sea.
You became the light on the dark side of me.
Love remained a drug that's the high and not the pill.
But did you know,
That when it snows,
My eyes become large and
The light that you shine can be seen.
Baby,
I compare you to a kiss from a rose on the gray.
Ooh,
The more I get of you,
The stranger it feels, yeah.
And now that your rose is in bloom.
A light hits the gloom on the gray.
There is so much a man can tell you,
So much he can say.
You remain,
My power, my pleasure, my pain, baby
To me you're like a growing addiction that I can't deny.
Won't you tell me is that healthy, baby?
But did you know,
That when it snows,
My eyes become large and the light that you shine can be seen.
Baby,
I compare you to a kiss from a rose on the gray.
Ooh, the more I get of you
The stranger it feels, yeah
Now that your rose is in bloom.
A light hits the gloom on the gray,
I've been kissed by a rose on the gray,
I've been kissed by a rose
I've been kissed by a rose on the gray,
...And if I should fall along the way
I've been kissed by a rose
...been kissed by a rose on the gray.

Forgiven Princess

19.1.10

Breve, VIII

O de cómo transformar corcho, papel continuo, cartón y grapas en el "libro" que veis abajo... Lo que se hace con tiempo un sábado por la mañana o cualquier tarde en el instituto, vamos. Todo sea por ver los centenares de sonrisas hondureñas en las caras de esos niños y sus padres.

http://doloresconacoes.blogspot.com/


Forgiven Princess


P.D. África, si ves esto, no me mates... O no mucho :D

Momentos musicales, I - Cranberries, Animal Instinct



Suddenly something has happened to me
As I was having my cup of tea
Suddenly I was feeling depressed
I was utterly and totally stressed
Do you know you made me cry
Do you know you made me die

And the thing that gets to me
Is you'll never really see
And the thing that freaks me out
Is I'll always be in doubt
It is a lovely thing that we have
It is a lovely thing that we
It is a lovely thing, the animal
The animal instinct

So take my hands and come with me
We will change reality
So take my hands and we will pray
They won't take you away
They will never make me cry, no
They will never make me die

And the thing that gets to me
Is you'll never really see
And the thing that freaks me out
Is I'll always be in doubt

The animal, the animal, the animal instinct in me
It's the animal, the animal, the animal instinct in me
It's the animal, it's the animal, it's the animal instinct in me [x2]



Forgiven Princess

18.1.10

Breve, VII

Tan buenos, y puros son, que se permiten el lujo de sentar cátedra de barbaridades tales como: Una mujer que aborta permite que le hagan cualquier cosa.
Y la mejor: Sí, pobrecitos esos de Haití, pero hay males mayores, como la pobreza espiritual creciente en nuestra sociedad. Ése es un mal por el que deberíamos preocuparnos más.

Pues sabéis qué, sólo pido capacidad para llegar siquiera a atisbar el motivo que los lleva a afirmar estas perlas. Y sólo pido eso, porque como pida fuerza, ahostio a todos y cada uno de ellos.

Forgiven Princess

17.1.10

Breve, VI


De cómo incurrir con estilo en el bandalismo, o como declarar que el Reino ya es algo físico, aunque sea una fuente de un parque de mi pueblo, conquistada una noche de verano en la que el calor y el takker se unieron.

Forgiven Princess

P.D. Sí, lo habéis cogido, los breves son para darle algo de vida al blog, porque no sé cuándo tendré tiempo para actualizar en condiciones...

16.1.10

Breve, V



Un Halloween friki, con la princesa disfrazada de princesa guerrera, luchando contra el mal.
Ea.

Forgiven Princess

15.1.10

Breve, IV

Con la primera flor de aquel vetusto cerezo que había en su jardín, Sakura se dio cuenta con tristeza de que, aunque ya había llegado la primavera, su corazón seguía dormido en el más gélido de los inviernos.

Forgiven Princess

14.1.10

Breve, III

Dicen que cuando se besa alguien se establece una conexión especial con esa persona, y que esta conexión no se rompe jamás.
Ella no sabía que, tras besar suavemente su boca y su cuello, él rasgaría su piel con los dientes y succionaría su sangre.

Forgiven Princess

13.1.10

Breve, II


Llovía, y aquella gota de agua se precipitó suicida hacia el suelo, esperando reencontrarse al fin con su amante que hacía días se había visto obligado a caer.
Al salir el Sol, la gota, desconsolada por no encontrar a su amor, no hizo esfuerzos por permanecer líquida en aquel mundo fangoso, y se evaporó.
En el color rojo de aquél arcoiris, unas partículas de vapor se unieron a otras con pasión, uniendo al fin aquellas dos gotas amantes.

Forgiven Princess

12.1.10

Breve, I


Hoy ha estado recordando sus sueños pasados.
Sacándoles brillo a los actuales.
Esbozando los futuros.
No sabía cuántos sueños podía tener una persona.
Tampoco cuántos pedacitos de sueños rotos iba a tener que recoger.

Forgiven Princess

21.12.09

Forgiven Return... O de un ego-post hecho y derecho

Como habéis adivinado porque yo os lo he dicho, esto va sobre mí... Así que podéis ahorraros leerlo y pasar al comentario y poner: Guau! Felicidades! y ya está... Si queréis, pero no decírmelo, que me herís el ego (y es de él de quien se trata).

Bueno, bueno, bueno... Después de este largo período de tiempo de exámenes que he tenido (completamente odioso, agotador y provocador de enfermedades y dolores de cabeza varios para una princesa), me siento más Unforgiven que Forgiven, porque menudo castigo de los dioses inventar los exámenes.

Para no romper la costumbre, que ya sabemos todos que mi expediente académico (en cuanto a notas se refiere) es más bien público, ea:




Filosofía: 8


Hª del Arte: 7


Valenciano: 7


Historia: 8


Inglés: 10


Latín: 6


Lengua: 9


Informática: 9


Literatura: 8


De media llevo un ocho justo y exacto, pero no pienso conformarme hasta llegar al 9 como poco... So, creo que me veréis menos [si cabe] el pelo de aquí hasta las próximas vacaciones.


Pero bueno, tengo muchas muchas cosas que escribir, así que igual aprovecho las navidades y hago posts programados, para que no penséis que soy una abandonadora cruel y desalmada.




En otro orden de cosas, prosigo el ego-post. Lo de las Becas Europa quedó en agua de borrajas, pero no me preocupa, era difícil llegar a los 500 elegidos, más siendo del instituto de uno de los participantes del año anterior, y una tiene suficiente ego como para engañarse y decir: Y qué, si soy filósofa y no me comprenden...




Respecto a la Olimpiada Filosófica... Creo que ya sé qué tesis defenderé, y más o menos sé qué autores usaré para justificarme y cuáles criticaré a lo largo de mi ensayo. Tengo la ayuda, la confianza y el apoyo de mi profe, así que no me preocupa, sé que valgo y que tengo suficiente labia para defender y criticar.




Qué más... Qué más...


Bueno, sigo en el paraíso terrenal gracias a una personita a la que avasallo con rosas cuando puedo. Gracias por estar ahí y aguantar mis chaladuras, mis malos momentos y mis gilipolleces mañaneras, tardías y nocturnas.




Mi equipo de voley está como todos los años... Empezamos rompiendo la pelota, y acabamos rompiendo el equipo, porque somos unas capullas de cuidado todas. Eso sí, vuestra siempre fiel princesa se coloca los cascos y pasa de malos rollos. Sí, hay quien me critica, pero no me preocupa que me superen de palabra si en el campo son incapaces de hacerlo. Allá cada cual con su conciencia.




Faltan días para los regalos de Navidad, y esta insana costumbre consumista me ha cogido más ilusionada que otros años. Será porque este año sé que voy a regalar cosas que gustarán, quién sabe.




Algo más... Bueno, creo que he pasado ya 3 veces la gripe este otoño. No la gripe A, la estacional. Así que les jodan con la gripe A. Estoy hasta las narices ya de que todos se preocupen de eso. Hombre, sí, es una enfermedad que, igual que la gripe B o la C, es más bien puñetera, y que puede ser muy jodida si perteneces a un grupo de riesgo... es decir, embarazada, ancianos, problemas cardiorrespiratorios, etc.




Como podéis comprobar, ahora debo estar en el instituto. Y así es. Pero las clases de 2 personas no ayudan a que los profes se hagan los duros y no nos dejen hacer el gilipollas, o que el profesor de arte nos explique y argumente por qué la religión católica es una farsa, y tampoco ayuda a que un profesor mitólogicamente fílico se pase una clase de latín enseñándonos las pinturas referentes a la mitología grecorromana de italianos, flamencos, franceses y españoles.


Creo que ya está bien, por ahora.


Esta tarde haré brownies, ya os diré si saben a pelo de Can Cervero, o están más ricos que la ambrosía, o que saben a chocolate y ya. Y os paso la receta, si la queréis ^^




Bueno... y... Felices fiestas de parte de una princesa un poco loca, con un reino abandonado pero nunca olvidado, y con una vida ajetreada, intensa y a ratos feliz, que es lo que le pide a esta vida.




Forgiven Princess

1.12.09

The Annoying Orange



Bueno, como podéis imaginar, estoy de exámenes... Ya retornaré algún día de estos... Mientras tanto, reíos un poco ^^

Forgiven Princess

21.11.09

Patience - Guns'N'Roses

Minutos musicales con mensaje doble o triple para que aguardeis con gusto mi regreso ^^
Con vosotros, los míticos, los brutalmente geniales, Guns'N'Roses



(1..2...1,2,3,4)
Shed a tear 'cause I'm missing you
I'm still alright to smile
Girl, I think about you every day now
Was a time when I wasn't sure
But you set my mind at ease
There is no doubt you're in my heart now
Said woman take it slow
It'll work itself out fine
All we need is just a little patience
Said sugar make it slow
And we'll come together fine
All we need is just a little patience
(inhale) Patience...
Ooh, oh, yeah

Sit here on the stairs
'Cause I'd rather be alone
If I can't have you right now, I'll wait dear
Sometimes, I get so tense
But I can't speed up the time
But you know, love, there's one more thing to consider
Said woman take it slow
Things will be just fine
You and I'll just use a little patience
Said sugar take the time
'Cause the lights are shining bright
You and I've got what it takes to make it
We won't fake it, Oh never break it
'Cause I can't take it

...little patience, mm yeah, ooh yeah,
Need a little patience, yeah
Just a little patience, yeah
Some more pati... (ence, yeah)
I've been walking these streets at night
Just trying to get it right (Need some patience, yeah)
It's hard to see with so many around
You know I don't like being stuck in a crowd (Could use some patience, yeah)
And the streets don't change but maybe the name
I ain't got time for the game
'Cause I need you (Patience, yeah)
Yeah, yeah well I need you
Oh, I need you (Take some patience)
Whoa, I need you (Just a little patience is all we need)
Ooh, this ti- me....

Forgiven Princess

20.11.09

19.11.09

Día Mundial de la Filosofía (II)

Bueno, bueno, bueno, un año más hoy, 19 de noviembre, celebramos el día mundial de la Filosofía. Así que aprovecho para daros mis noticias filosóficas:

1.- Participaré en las II Olimpiadas Filosóficas de la SFPA, contra otros chavales de (de momento) la provincia de Alicante, aunque tal vez se unan algunos de Valencia y/o Castellón.

2.- Sí, como buena friki, no desperdicié la oportunidad de conseguir un autógrafo del ministro de Educación,
Ángel Gabilondo, filósofo antes que ministro :3 Ahí va el documento gráfico que lo prueba. (Pone: Para Amelia, por su afición filosófica. Ánimo. Un beso. Ángel Gabilondo)

Un besito y, ya sabéis, pensad por vosotros mismos, opinad y criticad, ya que sólo la duda os hará libres.

Forgiven Princess

Ahora también Princesa abandonadora de blogs por exámenes puñeteros de diciembre.

10.11.09

V


¡Voilà! A primera vista un humilde veterano de vodevil en el papel de víctima y villano por vicisitudes del destino, este “visage”, ya no más velo de vanidad, es un vestigio de la vox populi ahora vacua desvanecida. Sin embargo esta valerosa visión de una extinta vejación se siente redivida y ha hecho voto de vencer el vil veneno de estas víboras en avanzada que vela por los violentos viciosos y por la violación de la voluntad. El único veredicto es venganza, vendetta, como voto, y no en vano, pues la valía y veracidad de ésta un día vindicará al vigilante y al virtuoso. La verdad, esta vichysoisse de verborrea se está volviendo muy verbosa. Así que solo añadiré que es un verdadero placer conocerte y que puedes llamarme V.

Forgiven Princess

9.11.09

1989-2009


Y allí, con mi martillo y unas cuantas lágrimas surcando mi rostro, comencé a golpear el acerado telón mediante el alegórico muro que dividía mi ciudad.

Y con cada martillazo, saltaban esquirlas de piedra que me manchaban la ropa y me herían las manos. Pero también, con cada uno de ellos, me acercaba a la libertad, a mis amigos de los que tanto tiempo atrás me habían separado. Con cada golpe mi alma sentía una inyección de fuerza, de valor.

Sobrecogida observaba como más y más de mis conciudadanos, de rostros anónimos que serían mis amigos aquella noche, se me unían, y golpeaban con picas, con mazas, incluso con los pies, rascaban el muro con cuchillos, o con cualquier cosa que tuviesen a mano, con tal de reunir, de reunificar su ciudad, mi ciudad, nuestra ciudad.

La alegría nos impregnó y, en el clamor embravecido de la multitud, escuchamos golpes que, a través del muro, nos indicaban que también al otro lado golpeaban con nosotros para derruir aquella herida que llevaba más de 20 años sin cicatrizar. Por fin la ciudadanía se unía para terminar con aquel frío telón.

Nadie había vencido, pero nosotros nos sentíamos vencedores.
Y, con sonrisas empapadas de lágrimas y con el pelo revolicado por el viento, nos dirigimos al puente, a nuestra ficticia libertad que nos parecía tan real como el suelo que pisábamos.

Forgiven Princess

7.11.09

What...? - Editado


Un chistecillo filosófico de sábado :3

Saludos,

Forgiven Princess

EDICIÓN

Para los que no pillan el inglés...

Aristóteles:
¿Qué significa ser bueno?

Descartes:
¿Qué significa ser?

NIetzsche:
¿Qué significa eso?

Bertrand Russell:
¿Qué significa "eso"?
(en el sentido del significado de la palabra en sí)

C.S. Lewis:
¿Qué hace eso? (o ¿Para qué sirve?)

Lil Jon:
¿Qué?

La gracia del chiste en inglés es que para hacer las preguntas necesitan el pronombre neutro it, y el auxiliar does, de modo que partiendo de una simple pregunta se expone un ejemplo de la tesis principal que defiende cada filósofo, hasta llegar a la broma con el rapero Lil Jon del "what?" como.... qué cojones dicen esos tipos.
Una, que desvaría cuando la ataca la gripe :3

5.11.09

Remember, remember, the Fifth of November


Remember, remember the Fifth of November,
The Gunpowder Treason and Plot,
I know of no reason
Why the Gunpowder Treason
Should ever be forgot.
Guy Fawkes, Guy Fawkes, t'was his intent
To blow up the King and Parli'ment.
Three-score barrels of powder below
To prove old England's overthrow;
By God's providence he was catch'd
With a dark lantern and burning match.
Holloa boys, holloa boys, let the bells ring.
Holloa boys, holloa boys, God save the King!
And what should we do with him? Burn him!

En español...
Recuerden, recuerden el Cinco de Noviembre,
la Traición de Pólvora y el Complot,
no sé de ninguna razón
por que la Traición de Pólvora
debería jamás ser olvidada.

Guy Fawkes, Guy Fawkes, fue su intención
hacer explotar al Rey y al Parlamento.

Tres barriles de pólvora debajo
Para demostrar el derrocamiento de la Vieja Inglaterra;

Por la providencia de Dios él fue capturado
con una linterna apagada y un fósforo ardiendo.

Vamos, muchachos, vamos, muchachos, dejad que suenen las campanas.
¡Vamos, muchachos, vamos, muchachos, Dios salve al Rey!
¿Y qué deberíamos hacer con él? ¡Quemarlo!

Forgiven Princess

3.11.09

Are you the one? - Sharon den Adel ft. Timo Tolkki



Are you the one?
The traveller in time who has come
To heal my wounds to lead me to the sun
To walk this path with me
until the end of time

Are you the one?
Who sparkles in the night like fireflies
Eternity of evening sky
Facing the morning eye to eye

Are you the one?
Who'd share this life with me
Who'd dive into the sea with me
Are you the one?
Who's had enough of pain
And doesn't wish to feel the shame, anymore
Are you the one?

Are you the one?
Who's love is like a flower that needs rain
To wash away the feeling of pain
Which sometimes can lead to
the chain of fear
Are you the one?

To walk with me in garden of stars
The universe, the galaxies and Mars
The supernova of our love is true


Por exámenes no puedo pasarme más por aquí, pero ea, siempre hay 5 minutillos para dejar una joya musical como ésta, ¿no? Así que... Saludos de martes, desde la clase de informática (joder, me aburría, ya he terminado el tema... U.U') de parte de una princesa somnolienta, cansada y taciturna.

Forgiven Princess

1.11.09

Él, Ella y Ellos (o de cómo se puede reescribir)

Dicen que esta vida es renovarse o morir... Pues yo me renuevo, y para retornar por enésima vez este año (lo sé, soy lo peor), reescribo Él y Ella, y además añado ellos. Ea, dentro texto.

Él

El chico había vagado toda su vida de ciudad en ciudad, buscando una fuente que apaciguara aquella insaciable sed de conocimiento que lo invadía día tras día desde lo más hondo de su ser. Roma, Florencia, Atenas, Berlín y Londres eran algunos de los nombres que aquella cada vez más larga lista ofrecía a los curiosos. Ni una, ni diez, sino hasta 50 capitales culturales habían nutrido los conocimientos de aquel joven que rondaba los 27 dulces años.

Sus cabellos de color avellana resplandecían bajo la luz de un suave atardecer otoñal de la capital francesa. Sus ojos almendrados refulgían plateados, y su blanca dentadura recordaba la albura del mármol puro.

Bien vestido lucía su porte galante, enfundado con una camisa negra y una chaqueta roja que marcaba su bien torneado cuerpo, lucía en sus pies unos zapatos de negra piel bien lustrados hacía poco. La cadena que cruzaba sobre su chaleco le recordaba que su famoso reloj de plata marcaba el ineludible paso del tiempo.

Recortados contra un cielo naranja salpicado de nubes de sangre se perfilaban los tejados del barrio de Montmartre. Los edificios se alzaban impetuosos, como intentando contrarrestar la claridad del día con sus sombras, que alentaban a la umbría noche a que se cerniera sobre la ciudad.

Las múltiples parejas de enamorados que paseaban acompasadamente por las calles de París se iban retirando a sus hoteles y hostales, y mientras tanto, él observaba todo aquello fumando desde una azotea.

Sus ojos penetraban allá donde mirasen cuando recorría la ciudad: las aguas del Sena, los muros de Nôtre-Dame, los árboles de las avenidas, la gente sentada en los cafés con tazas humeantes en las manos... Ansiaba recoger todas sus experiencias, sus vivencias, sus sentires... ¿Qué pensarían? ¿Qué sentirían? Si tan sólo pudiese vislumbrar el verdadero conocimiento, si pudiese llegar a ser EL sabio...

Una alfombra multicolor cubría ligeramente el suelo, mientras los antiguos portadores de aquellas hojas se mecían avergonzados con el viento, esperando la venida de la primavera y los nuevos brotes que ella traía, invariablemente, año tras año. Parte del follaje caía inevitablemente al río que cruzaba la ciudad, dando una nota de color a la ya gélida agua del Sena, cuyo lecho contenía infinidad de objetos que, tras la pérdida del amor de un ser querido, eran lanzados al río con la intención de que el agua y el lodo borrasen los dolorosos sentimientos y las amargas sensaciones.

Aquel muchacho recorría distraídamente la inmensa urbe que, décadas atrás, examinaron, disfrutaron, odiaron, amaron y vivieron genios del calibre de Víctor Hugo, Renée Descartes o Edgar Degas. Aquel paisaje que combinaba deliciosamente modernidad y clasicismo, arte y eclecticismo, belleza y el descarnado espíritu cosmopolita propio de una gran ciudad. Aquel paisaje que se prostituía a fotógrafos, pintores y escritores por el simple y mero hecho de que todos pudiesen disfrutar de ella. La ciudad del amor, de los vampiros, de la leyenda, el misterio y la lujuria de la nobleza. La ciudad del pecado coronada por la gran joya, la catedral de Nôtre-Dame.

En su forma de actuar se denotaba su profundo interés por conocerlo todo. Arriba la experiencia empírica, esa era su doctrina. Incluso cuando estaba disfrutando de la compañía de un amante (no importaba su género, ya que debía experimentar todo y con todos), estudiaba meticulosamente todo lo que ocurría: los movimientos de la (o las) otra persona, sus reacciones, las sensaciones que él percibía, las formas del cuerpo, las texturas, los olores...

Algunas chicas y chicos que habían estado con él lo describían como un amante atento, servil, casi perfecto. Un tanto extraño e inquietante, eso sí, pero aquello no les importaba cuando la pasión cegaba su razón.

Aquellos que bien lo conocían, que podían contarse con los dedos de las manos, sabían que perseguía algo que la gran mayoría de los hombres ni siquiera adivinarían que existía, y cuya consistencia ni tan siquiera él tenía muy clara. Los que no lo conocían tan bien, simplemente pensaban que era otro chalado más, otro joven que acabaría muerto por darle demasiado trabajo a su aún tierno cerebro, otro de los que se llamaban amantes del saber, otro filósofo.

Las señoritas se extrañaban de que un muchacho tan bien parecido como aquel tan sólo tuviese relaciones sexuales esporádicas, nada sentimental, y por supuesto no podían comprender que no se comprometiese con ninguna joven... Todas ellas, jóvenes burguesas parisinas, preciosas y delicadas como muñecas de la más fina porcelana, se morían de ganas de disfrutar de la compañía de un hombre tan docto como aquel, del cual decían que además de ser un amante atento y generoso, era un compañero con un gran sentido del humor, y un excelente conversador y confidente. Y ya contaba con 27 años... Debía de estar buscando a la mujer perfecta, pensaban... Una joya como aquella, con tan brillante mente en un perfecto y bello cuerpo, no podía ser entregada a cualquiera. Él debía estar destinado a alguien superior, más parecido a él, alguien perfecto. Tal vez ninguna mujer estuviese a su altura, se consolaban. Tal vez ningún hombre lo esté tampoco, concluían al ver que ningún mozo contaba con su especial amistad.

Y en aquel preciso instante, en el que, como cada día, ya moría inevitablemente el crepúsculo para dejar paso a los oscuros dedos de la noche, los verdes ojos de una muchacha restallaron como fulgurantes esmeraldas desde su rostro. Estaba asomada en la ventana del piso inferior al suyo del edificio de enfrente, y lloraba con lágrimas silenciosas y labios trémolos. Sus cabellos enmarcaban el blanco rostro y el abundante busto de la joven. El chico sintió curiosidad por saber quién era la que provocaba una lluvia de tristeza desde su alma, y después lo invadió una intensa necesidad de calmar el sufrimiento de la chiquilla, sentimiento extraño para él, pues nunca había sentido tal cosa antes de aquel momento.

Bajó del alféizar de la ventana, se lavó la cara y las manos y se perfumó. Cogió su pañuelo favorito, y se dirigió al recibidor de su amplio piso. Frente al espejo se revolvió los cabellos para darles aquel aire travieso que tanto gustaba a las féminas con las que trataba habitualmente, se colocó la preciosa chaqueta bermellón, y salió lenta y distraídamente de su casa, dirección a la de la muchacha.

Por el camino se encontró con Pierre, que lo entretuvo con sus chismes sobre los vecinos, un nuevo pago para el mantenimiento de la fachada palaciega del edificio y alguna estupidez más que no alcanzó a escuchar, pensando en qué cosas podría hacer o decir para consolar a aquella estrella caída del cielo que había ido a parar al piso de enfrente para iluminarle en la oscuridad de la corrupta sociedad parisina.

Ella

Qué esperar de un mundo que, día tras día, te golpea con fuerza para que caigas y te rindas. Qué esperar de un hombre que ama más la fortuna de tu padre que a ti y te golpea para que te avergüences de tu belleza y detestes la compañía de la gente. Qué esperar de un padre que vende tu juventud al mejor postor. Qué esperar de una madre pasiva que permite las tropelías de su marido sin hacer nada al respecto, pensaba entre lágrimas. Qué pensar de un ambiente vano, que vuelve la cara ante los problemas más profundos que una arruga o una mancha.

Todavía recordaba los largos meses de lucha, de preparación para escapar de todo aquello. Todavía le dolían algunos golpes de aquel bastardo alemán afrancesado que tenía por pretendiente, un asqueroso vizconde de Dios sabía dónde. Todavía recordaba las lágrimas de impotencia de su madre que, callada, observaba desde un alejado y distante segundo plano el monumental discurso sobre los errores, sobre el honor, el valor, la moral y millones de falacias más que su padre convertía en verdad por decreto divino o costumbrista.

Tan sólo hacía 3 semanas de todo aquello, pero había conseguido salir airosa de la situación. Aunque claro, airosa era un término demasiado optimista para su situación... Desheredada, dejaba tras de sí la fama y la fortuna, el lujo y los caprichos que siempre habían envuelto su vida, llenándola de banalidades, haciendo que todo su entorno fuese una gran burbuja compuesta de humo, alcohol, sexo y degeneración. Se vio de repente sin esposo ni pretendientes, ya que ¿quién se casaría con una muchacha pobre, sin dote ninguna? Por muy bella y agradable que fuese, no podía imaginar quién sería el desgraciado que acertaría a casarse con ella sin recibir ningún tipo de beneficio de la unión.

Aquel intrigante hombre seguía sentado en el marco de la ventana, jugueteando con los mechones de su cabello, mientras observaba el horizonte crepuscular, cuyo brillo reflejaba en sus argentinos ojos almendrados. Los hombres, siempre temerarios, siempre despreocupados... Un día se caería y se mataría. Maldito idiota. Al instante siguiente agitó la cabeza. Que todos los hombres que hasta entonces la habían rodeado fuesen unos cabrones sin alma no quería decir que los varones, por definición, lo fueran. No tenía pruebas de que aquel chico fuese un idiota, y menos con la fama que lo precedía.

Le parecía una persona interesante, con aquel halo de misterio que le otorgaban sus extrañas prácticas y su vida aparentemente anodina y errática. No conocía su nombre, y dudaba que alguien lo supiese realmente... Aunque todo el mundo en París sabía de quién se trataba sólo con describirlo vagamente. Las muchachas lo reconocían por la belleza de su rostro, la elegancia de su porte, la firmeza de sus músculos y la galantería que lo caracterizaban. Los varones lo conocían por sus artes oratorias y conversacionales, ya que se decía de él que no había hombre ni mujer capaces de arrebatarle el habla, de ganarle una discusión, o de rebatir uno de sus argumentos sentenciosos que siempre dejaban cabida a la duda.

Sonrió amargamente mientras miraba al rojizo cielo que hacía que sus ansias de calmar la ira que sentía por dentro aumentasen, deseando que una violenta racha de viento se la llevase para siempre, lejos, a un lugar exótico, cálido y desierto. Estaba hastiada de la civilización, de la ciudad y de la gente. Para cuando, un par de minutos más tarde, bajó la mirada, el insondable joven había desaparecido de la ventana, aunque en la casa seguía advirtiéndose la iluminación. Con una cruel ironía presente en su mente miró hacia la calle, por si el oscuro presagio que había ocupado su pensamiento minutos antes se había cumplido. No, no era así. Gracias al Cielo, pensó.

Sobre el balcón por el que desbordaban sus blancos y firmes pechos caía en amplias ondas una melena marrón oscuro, de aspecto suave. Sus ropas, de colores que bailaban entre claros turquesas hasta vivos violetas, hacían resaltar la palidez de su tersa piel, sobre la que destacaban el rojo intenso de sus labios y aquellos afilados pómulos rematados en rosadas y finas mejillas que revelaban sus escasos 20 años de edad. Asomaba su esplendorosa belleza por la ventana, y en su mano un cigarro apagado esperaba morir consumido por las llamas. Era un vicio detestable, pero no le importaba, ya nada le importaba.

Seguía mirando la oscura y fría calle, los coches de caballos pasaban con su traqueteo habitual, que daba ritmo a la escena. Algún transeúnte caminaba deprisa y encogido, embutido en su abrigo, coronado por uno de aquellos sombreros que tan a la moda en la capital francesa en la época. Las hojas amarillentas se agitaban contra la rebelde brisa que las alzaba violentamente del suelo. Aquello no le decía nada, pero últimamente pocas cosas habían que le dijeran algo.

Él apareció en la portería, arreglándose el pañuelo del bolsillo y charlando animosamente con el portero sobre algún tema que hacía que el viejo rechoncho riese y gesticulase grotescamente.

Encendió el cigarrillo, y fumó mientras observaba al misterioso joven cambiar el peso de una pierna a otra, demostrando algo de prisa por zafarse del amo de llaves de su edificio, que se empeñaba en entretenerlo una y otra vez, ahora señalando a la fachada. Dejó caer la ceniza por la ventana, y se encandiló mirando las volutas de humo que la combustión de la blanda droga generaba.

De momento vio que el objeto de su curiosidad estrechaba la mano al portero en señal de despedida, que entraba de nuevo al edificio, y se disponía a cruzar la calle que separaba ambos edificios sin cuidado, hablando consigo mismo en murmullos inteligibles (aunque a aquella distancia poco importaría que gritase o murmurase) y agitando la cabeza con una expresión de sorpresa peculiar. Maldito idiota, un día tendrá un accidente por no tener cuidado, pensó de nuevo.

Ellos

Ella quedó sorprendida al ver que el galán extranjero se adentraba en su viejo edificio. Como si previese lo que iba a ocurrir a continuación, agitó el humo de la habitación con la mano para expulsarlo fuera, fue a buscar un whisky no demasiado barato que tenía escondido en la alacena para ocasiones que requerían algo de valor artificial, y un par de vasos chatos que limpió tan concienzudamente como le fue posible en un par de minutos.

Se sentó en el diván de forma casual, y pensó: Serás estúpida, tendrás que levantarte a abrir. Pero aún sabiendo eso, conservó la postura, balanceando ligeramente ahora los hombros, ahora el pecho, ahora la cintura para retocar y perfeccionar la pose de mujer sensual, pero recatada y respetable al mismo tiempo.

Pasaron 15 largos minutos, y se rió de sí misma sarcásticamente. ¿Qué pensaba, que el más apuesto e inteligente galán de París se fijaría en ella, una pordiosera deshonrada? No podía creer que hubiese podido alcanzar aquel nivel de candidez. Decidió aprovechar, si podía llamarse aprovechar, que volvía a estar sola, sin consuelo y sin esperanza para perder su tiempo en ir a buscar su ropa a la lavandería.

Se peinó ligeramente para dar algo de volumen a su cabello, se reajustó el vestido y se perfumó suavemente. Pensó en lavarse la cara para eliminar las carreras de sal que decoraban sus mejillas por el llanto anterior, pero desechó la idea. Es una tontería pensar que alguien se fijará en algo así, pensó. Además, supuso que, al volver, las lágrimas no tardarían en retornar a sus ojos, y aún no había conseguido contenerlas mucho tiempo.

Abrió la puerta con la mirada gacha, y al girarse para cerrarla topó contra algo. Allí, con una preciosa y gran rosa roja (cuya procedencia no llegó a conocer ni tan siquiera años más tarde), y con la frente perlada por diminutas gotas de sudor encontró al joven de cabellos revueltos y traje bermellón. Se miraron intensamente durante unos instantes.

Los labios de ella temblaban con inseguridad. No se había equivocado, después de todo. Él venía a verla a ella, sólo a ella, y nada más que a ella; los ojos de él volaban por el cuerpo de ella, y viajaban desde su suave pelo a sus profundos ojos, descansando en sus pechos y en los rojos labios.

El joven tan sólo pudo pensar que la esencia de la belleza, si existía, estaba contenida en aquel cuerpo. Recordó las palabras del antiguo sabio: la Idea es original, es suprema, y es perfecta. Y pensó que aquella dulce moza, en su delicadeza, no podía sino ser el concepto de belleza, personificado para su perdición. Cayó enamorado al tiempo que sentía en el corazón el ardor de una flecha con que el caprichoso Cupido lo había atravesado.

Le ofreció gentilmente la rosa, que ella aceptó con cierto rubor en las mejillas. Entró en la casa, y él la siguió unos metros por detrás. Llegaron a la gran estancia en la que la muchacha hacía prácticamente toda su vida, y se sentaron. Él en el cómodo sillón, ella en el precioso diván. Le ofreció whisky, que él aceptó gustoso, pues tenía la boca seca, algo inusual para él.

El cazador cazado, como decía el dicho. Había perdido el habla. Él, que era la elocuencia personificada. Sudaba, él que era la entereza y la templanza hechas ser. Temblaba en su interior la valentía que siempre había sido su médula espinal.

Tan sólo acertó a decir una frase, tras observar largo y tendido a la muchacha, que esquivaba su mirada cuando ésta se dirigía a sus ojos:

- En tus ojos brilla todo aquello por lo que merece la pena luchar.

La muchacha se sonrojó y agachó la cabeza, mordiéndose el carnoso labio inferior con timidez. Aquel gesto despertó el espíritu del depredador, la parte seductora que había estado adormecida en él, y con determinación se levantó y se sentó junto a ella. Acarició sus hombros, su cabello, su espalda, sus brazos. Delicadamente alzó su rostro, levantándole la barbilla, haciendo que ella lo mirase directamente a los ojos, mostrando en los suyos una mezcla entre miedo, deseo, curiosidad y ansia. Con suavidad limpió las mejillas de la joven, que sentía la sangre quemando su rostro.

La abrazó después con una ternura casi paternal, y la consoló con livianas palabras de amor, esas que sólo un corazón henchido por la pasión y el respeto sabe pronunciar. La joven se separó ligeramente de él, y lo miró a los ojos. Él se zambulló en aquellos profundos charcos de tristeza y desamparo, y fue limando las asperezas que atormentaban su maltrecha alma, dejando paso a las pasiones más bajas de la naturaleza humana que afloraban conforme los problemas iban siendo suprimidos bajo la dulzura y el calor que emanaban del sensual joven.

Se puso en pie, y cogiéndola de la mano la invitó a hacer lo mismo. Se acercó lentamente a ella, mirándola, ora a los ojos, ora a los labios, y cuando escasos 3 centímetros separaban sus rostros, entreabrió los suyos. Suspiró sobre la cara de ella, que sintió la calidez de su aliento y respondió abriendo también la boca para fundirla con la de él en un lento y largo beso. La muchacha enredó sus dedos en el pelo del joven mientras lo besaba, y éste con los brazos rodeó su cintura, y la estrechó contra sí, hasta que sus caderas quedaron juntas, presionándose mutuamente.

La chica sentía el corazón golpeándole el pecho con fuerza, y la alivió un poco sentir también el de él, ya que sus torsos estaban pegados. Hacía ya rato que su respiración había dejado de tener una periodicidad normal, y ahora el oxígeno llegaba a su organismo entrando rápidamente entre jadeos y suspiros.

Los labios del muchacho buscaron el cuello de su amante, delicadamente tallado, como la más preciosa obra de arte. Besó la marmórea piel, primero de forma dulce, y después dio paso a sus dientes y a los mordiscos débiles y fugaces, que provocaban estremecimientos en la chica.

Se quitó la chaqueta, y ella se encargó de quitarle el chaleco y la camisa negra, dejando al descubierto un torso de belleza helenística, bien formado y desarrollado en su justa medida, de piel suavemente coloreada y con escaso vello. Él la abrazó desde atrás, apartando los cabellos, que desprendían cierto aroma a jazmín. Desató concienzudamente los nudos y distintos cierres que el intrincado corsé llevaba, tras lo cual dejó libre la esplendorosa belleza de las curvas de la joven, de una sinuosidad y perfección que ya desearían las grandes mujeres de la historia.

Sus lenguas se perdieron en la boca del otro, dejando que las manos, por su parte, recorriesen libremente la geografía corporal de su amante, investigando cada rincón con la precisión de quien tiene que recordar cada centímetro.

Entregados a la pasión que les envolvía no se percataban de la fría brisa que se colaba entre las cortinas, que refrescaba la sala y sus acalorados cuerpos. Las paredes, mudas hasta el momento, hacían suyos todos los gritos, gemidos y suspiros que los amantes se dedicaban, y los comentaban en voz bajita a los vecinos de las casas aledañas a la de ella.

La oscilante llama de los candiles fue perdiendo su ardor para, lentamente, dejarlos amándose en la penumbra. La luz de los faroles de la calle se colaba indiscreta por la ventana, y desde el cielo ahora despejado, una gran luna llena buscaba la albina piel de la muchacha, incrementando así la albura de la misma.

Los ojos del muchacho brillaban fulgurantes bajo el influjo de la gran lámpara celeste, y ella sentía que la luz que reflejaban podría iluminar finalmente la oscuridad que poblaba todos los ámbitos de su vida desde hacía tanto tiempo.

Agotados cayeron rendidos a Morfeo. Él se despertó, vio aquella cara angelical junto a su propio cuerpo y la cubrió con una manta. Se sentó frente a ella, en riguroso silencio, para observarla mientras dormía. En aquel estado era, si cabe, más preciosa todavía. Cuando ella despertó, él estaba mirándola absorto. Se levantó, lo abrazó y juntos, tomando un café, vieron el amanecer del nuevo día que, como siempre supieron, también fue el renacimiento de sus propias vidas.

Forgiven Princess

17.10.09

Ella (o Sin título, 2ª parte)


Qué esperar de un mundo que, día tras día, te golpea con fuerza para que caigas y te rindas. Qué esperar de un hombre que ama más la fortuna de tu padre que a ti. Qué esperar de un padre que vende tu juventud al mejor postor. Qué esperar de una madre pasiva que permite las tropelías de su marido sin hacer nada al respecto, pensaba entre lágrimas.

Tan sólo hacía 3 semanas de todo aquello, pero había conseguido salir de la situación. Aunque claro, de qué forma... Desheredada, dejaba detrás la fama y la fortuna, el lujo y los caprichos que siempre habían envuelto su vida, llenándola de banalidades, haciendo que todo su entorno fuese una gran burbuja compuesta de humo y degeneración. Sin esposo ni pretendientes, ya que ¿quién se casaría con una muchacha pobre, sin dote ninguna? Por muy bella y agradable que fuese, no podía imaginar quién sería el desgraciado que acertaría a casarse con ella sin recibir ningún tipo de beneficio de la unión.

Aquel intrigante hombre seguía sentado en el marco de la ventana. Los hombres, siempre temerarios, siempre despreocupados... Maldito idiota. Un día se caería. Al instante siguiente agitó la cabeza. Que todos los hombres que hasta entonces la habían rodeado fuesen unos cabrones sin alma no quería decir que los varones, por definición, lo fueran.

Le parecía una persona interesante, con aquel halo de misterio que le otorgaban sus extrañas prácticas y su vida aparentemente anodina y errática. No conocía su nombre, y dudaba que alguien lo supiese realmente... Aunque todo el mundo en París sabía de quién se trataba sólo con describirlo vagamente.

Sonrió amargamente mientras miraba al rojizo cielo que hacía que sus ansias de calmar la ira que sentía por dentro aumentasen. Para cuando, un par de minutos más tarde, bajó la mirada, el insondable joven había desaparecido de la ventana. Con una cruel ironía miró hacia la calle, por si su oscuro presagio se había cumplido. No, no era así. Gracias al cielo.

Sobre el balcón por el que desbordaban sus blancos y firmes pechos caía en amplias ondas una melena marrón oscuro, de aspecto suave. Sus ropas, de colores que bailaban entre claros turequesas hasta vivos violetas, hacían resaltar la palidez de su tersa piel, sobre la que destacaban el rojo intenso de sus labios y aquellos afilados pómulos rematados en rosadas y finas mejillas que revelaban sus escasos 20 años de edad.

Él pensó que la esencia de la belleza, si existía, estaba contenida en aquel cuerpo. Recordó las palabras del antiguo sabio: la Idea es original, es suprema, y es perfecta. Y pensó que aquella dulce moza, en su delicadeza, no podía sino ser el concepto de belleza, personificado para su perdición. Cayó enamorado al tiempo que sentía en el corazón el ardor de una flecha con que el caprichoso Cupido lo había atravesado.

14.10.09

Él (o Sin título, 1ª parte)


En tus ojos brilla todo aquello por lo que merece la pena luchar, le dijo una vez un viejo sabio en París.

El chico vagaba de ciudad en ciudad, buscando una fuente que apaciguara aquella insaciable sed de conocimiento que lo invadía día tras día desde lo más hondo de su ser. Roma, Florencia, Atenas, Berlín y Londres eran algunos de los nombres que aquella cada vez más larga lista ofrecía a los curiosos. Ni una, ni diez, sino hasta 50 capitales culturales habían nutrido los conocimientos de aquel joven que rondaba los 27 dulces años.

Sus cabellos de color avellana resplandecían bajo la luz de un suave atardecer otoñal de la capital francesa. Recortado contra un cielo naranja salpicado de nubes de sangre estaba el perfil del barrio de Montmartre. Los edificios se alzaban impetuosos, como intentando contrarrestar la claridad del día con sus sombras, que alentaban a la umbría noche a que se cerniera sobre la ciudad.

Las múltiples parejas de enamorados que paseaban acompasadamente por las calles de París se iban retirando a sus hoteles y hostales, y mientras tanto, él observaba todo aquello fumando desde una azotea.

Sus ojos azules penetraban allá donde mirasen cuando recorría la ciudad: las aguas del Sena, los muros de Nôtre-Dame, los árboles de las avenidas, la gente sentada en los cafés con tazas humeantes en las manos...

Una alfombra multicolor cubría ligeramente el suelo, mientras los antiguos portadores de aquellas hojas se mecían avergonzados con el viento, esperando la venida de la primavera y los nuevos brotes que ella traía, invariablemente, año tras año.

Aquel muchacho recorría la inmensa urbe que, décadas atrás, examinaron, disfrutaron, odiaron, amaron y vivieron genios del calibre de Victor Hugo, René Descartes o Edgar Degas. Aquel paisaje que combinaba deliciosamente modernidad y clasicismo, arte y practicidad, belleza y el descarnado espíritu cosmopolita propio de una gran ciudad. Aquel paisaje que se prostituía a fotógrafos, pintores y escritores por el simple y mero hecho de que todos pudiesen disfrutar de ella.

En su forma de actuar se denotaba su profundo interés por conocer todo aquello que pudiese. Abajo el racionalismo, arriba la experiencia empírica, esa era su doctrina. Incluso cuando estaba disfrutando de la compañía de un amante (no importaba su género, ya que debía experimentar todo y con todos), estudiaba meticulosamente todo lo que ocurría: los movimientos de la (o las) otra persona, sus reacciones, las sensaciones que él percibía, las formas del cuerpo, las texturas, los olores...

Aquellos que bien lo conocían, sabían que perseguía algo que la gran mayoría de los hombres ni siquiera adivinarían que existía. Los que no lo conocían tan bien, simplemente pensaban que era otro chalado, otro joven que acabaría muerto por darle demasiado trabajo a su aún tierno cerebro.

Las señoritas se extrañaban de que un muchacho tan bien parecido como aquel tan sólo tuviese relaciones esporádicas, y de que no se comprometiese con ninguna joven... Todas ellas se morían de ganas de disfrutar de la compañía de un hombre tan docto como aquel, del cual decían, además, que era un amante atento y generoso, y un compañero con un gran sentido del humor. Y ya contaba con 27 años... Debía de estar buscando a la mujer perfecta, pensaban... Una joya como aquella, de brillante mente en perfecto cuerpo, no podía ser entregada a cualquiera. Él debía estar destinado a alguien más parecido a él, alguien perfecto.

Y en aquel preciso instante, en el que ya caía el crepúsculo para dejar paso a los oscuros dedos de la noche, los verdes ojos de una muchacha restallaron como fulgurantes esmeraldas desde su rostro. Estaba asomada en la ventana del piso inferior al suyo del edificio de enfrente, y lloraba con lágrimas silenciosas y labios trémolos. El chico sintió curiosidad por saber quién era la que llovía tristeza desde su alma, y después lo invadió una intensa necesidad de calmar el sufrimiento de la chiquilla.

Frente al espejo se revolvió los cabellos para darles aquel aire travieso que tanto gustaba a las féminas con las que trataba habitualmente, se colocó la chaqueta y salió de casa.

Forgiven Princess

10.10.09

Área Joven FELGTB



No sé por qué colgarlo... Sólo sé que es muy real, que da ánimos a los que los necesitan, y que es genial que haya gente como estos chicos y chicas.

Forgiven Princess

4.10.09

Ella, la arena, el Sol y el mar


Alice miraba melancólica una puesta de sol a las orillas de una preciosa playa mediterránea. ¿Había pasado tanto tiempo? No se lo parecía... El agua era igual, la arena era la misma, y el brillo del Sol era tan cálido y amargamente alegre como siempre.

Cogió agua entre sus manos, y miró su reflejo. Aún era joven, pero el paso del tiempo mellaba sus mejillas. La redondez infantil había desaparecido tiempo atrás del óvalo de su rostro. Sus ojos reflejaban la frialdad y dureza que se espera del gris acerado, y la inocencia que los hacía brillar había sido violada por la realidad.

Su negro cabello caía en largas ondas sobre sus hombros, e incluso iba un poco más allá, por su pecho y su espalda, y al moverse con la brisa le hacía cosquillas suavemente.

Soltó el agua, y olió el mar. Salitre, algas... Había echado de menos aquello. Al fin y al cabo, ya llevaba 10 años sin volver. A lo lejos escuchaba una pequeña reunión de amigos, en una casa interna en el bosquecillo que bordeaba la playa. De él se desprendía el olor de los pinos y demás coníferas que lo componían. Imaginó que estaba en otro lugar, en el oeste de Grecia, donde había conocido a Neera, con la que pasó 3 grandes años. Cuantos recuerdos, cuantos buenos y desgarradores recuerdos...

El viento trajo consigo un aroma peculiar, que la devolvió al lugar en el que estaba como un anzuelo saca al pez del agua. Aquel perfume... No podía ser él. Se marchó cuando ella tenía 18 años, y desde entonces nadie supo nada de él. No podía ser él.

Habían pasado 15 años, pero ni siquiera sus mejores amigos habían sabido de él... Y ahora, precisamente ahora, ¿él había vuelto? Sin duda el destino de Johann era agriar sus momentos dulces, enturbiar su paz, remover su calma... Y ella no podía hacer nada para evitarlo.

En su interior un gran combate tenía lugar. Las ganas de girarse y descubrir su sonrisa, su pelo rojizo ensortijado y sus ojos color miel eran enormes... Y el odio, la necesidad de explicaciones no recibidas, la ira y otros sentimientos igualmente malos estaban allí. ¿Qué hacer? Decidió esperar.

La embriagadora fragancia continuaba siendo arrastrada por la brisa marina, pero por mucho que ella esperaba, él no se acercaba a tirarla a la arena. Un tanto mosqueada por la broma de su... De Johann, decidió darse la vuelta y cantarle las 40 a voz en grito.

¿Cantarle las 40 a qué? Allí sólo estaban ella, la arena, el Sol y el mar.

Forgiven Princess

You're out on the streets...



Hace ya 39 años que esta gran mujer voló de esta mierda de mundo, con su voz desgarrada, sus letras desgarradoras y su espíritu de lucha.
Era un alma libre, y decidió escapar.

Janis, aunque abandonases la Tierra hace ya bastante tiempo, siempre serás una leyenda del blues, y esa voz, y ese espíritu, perdurarán eternamente.

Y aunque muchos te olviden... Hoy, esta humilde princesa cuyo reino está olvidado, te recuerda.
Descansa en paz.

Forgiven Princess